martes, 3 de julio de 2012

¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?


Este comercial es genial. Si usted no lo ha visto hágalo en los próximos cuarenta y seis segundos.





El estereotipo que asocia belleza a estupidez no es nuevo y se ha cultivado principalmente de la mano de las respuestas que dan las participantes en concursos de belleza, por ejemplo, en este video del Miss Teen Usa.


Otros casos hilarantes son el de Carolina Zuñiga, quien afirmó que si tuviera que elegir una pareja para preservar la especie escogería a la Madre Teresa de Calcuta y al Papa de ese entonces Juan Pablo II, o el de Giosue Cozzarelli quien consultada por el filósofo chino Confucio afirmó que  fue el inventor de la confusión.

El comercial de VTR hace precisamente lo contrario: muestra a una candidata a reina de belleza con actitud liviana dando una idea obvia y genial a la vez, haciendo que el espectador realmente se pregunte: ¿es muy tonto lo que está diciendo? Nada de tonto, y absolutamente inesperado. El espejo del espectador es el público, el animador, los jueces y todos los que después de escuchar la respuesta de la concursante voltean la cabeza y aplauden a rabiar el aporte que termina coronándola como reina.


Este giro en el paradigma de la relación entre belleza y estupidez tiene consecuencias en la vida cotidiana. Y esto es quizás lo más genial del comercial, pues su alcance  va más allá de las ventas de la compañía a quien representa, y quizá acaso permite en parte transformar la manera en que comunicamos lo que pensamos, o simplemente impulsarnos a decir lo que antes por miedo o verguenza no dijimos. 


Hoy día un amiga me contó lo que opinaba respecto a un tema de cierta complejidad y enseguida dijo "¿o es muy tonto lo que estoy diciendo?". Tras esa aparente trivialización  de su decir estaba escondida la posibilidad del ridículo, el temor a no entender, pero la frase fue la última piedra de un puente entre dos orillas que bien podrían haberse nunca encontrado. 




Preguntar si es tonto lo que estás diciendo no sólo puede ser una ironía cuando lo que dices es una genialidad, sino que es una manera de quitarle el peso a la posibilidad del error. Es fundar el diálogo desde lo lúdico, sin que eso signifique que las palabras pierdan su sentido, sino todo lo contrario: se abren a la inclusión de para quien antes todo diálogo estaba vetado por sus propios temores.


¿O es muy tonto lo que estoy diciendo?